viernes, 19 de mayo de 2017

Antonio Porpetta: La elegancia del decir poético

  ANTONIO PORPETTA: LA ELEGANCIA DEL DECIR POÉTICO

Por Pedro G. Cueto

Antonio Porpetta
Antonio Porpetta
Antonio Porpetta nació en Elda (Alicante) el 14 de febrero de 1936. Hizo la licenciatura de Derecho y es Doctor en Ciencias de la Información.
Tiene una extensa obra publicada: poesía (Meditación de los asombros, Ardieron ya los sándalos, El clavicordio ante el espejo, Territorio del fuego, Adagio Mediterráneo, Silva de extravagancias, etc), ensayo (El mundo sonoro de Gabriel Miró) y narrativa (El benefactor y diez cuentos más).
Porpetta es un poeta que centra su obra en el Mediterráneo, un hombre enamorado de la luz de su tierra levantina. Pocos poetas han transmitido tanto amor por el paisaje del Mediterráneo como el escritor de Elda.
Su obra ha sido estudiada por investigadores de diferentes nacionalidades, corroborando así la importancia de su figura en el panorama crítico internacional. M. Klass escribió su tesis doctoral en la Universidad de Columbia (N. York) en 1998 sobre la obra del poeta alicantino, titulada: Antonio Porpetta: Análisis y aplicaciones pedagógicas de su obra poética. También O. Conchea escribió su tesis de licenciatura en la Universidad Al. I Cuza en Lasí, Rumania, sobre la poesía del alicantino con el título: La poesía de Antonio Porpetta: Un mar de temas y de símbolos, en el año 2001. Y no hay que olvidar los estudios publicados en la Caja de Ahorros Provincial de Alicante y por el Ayuntamiento de Elda y en la Universidad de Alicante.
En definitiva, estamos ante una obra consolidada, madurada, cimentada sobre la importancia de la palabra como nexo de unión entre el espíritu y el hombre que la habita. Desde Meditación de las sombras (Prometeo, Valencia, 1981) hasta Adagio Mediterráneo (Universidad Popular San Sebastián de los Reyes, 1997), la obra de Porpetta inicia el vuelo hacia la luz que supone entender el mundo que le rodea, sin dejar, por ello, de sentir que el misterio de la vida está presente, nos persigue para siempre.
He elegido su libro Silva de extravagancias, publicado por Calambur en el año 2000 para esclarecer algunas de sus claves temáticas y considero, por ello, que es necesario citar el prólogo de Pedro J. de la Peña titulado: “Antonio Porpetta, en la poesía del futuro”, ya que en el mismo, el poeta de Reinosa nos hace ver muy bien cuáles son los méritos del artista alicantino.
Cito su opinión sobre Adagio Mediterráneo cuando dice sobre el mismo: Su Adagio Mediterráneo (Premio José Hierro 1996), con poemas como “Los puertos olvidados”, “Los suicidas” o “El mar y las palabras”, consolidaba una evolución coherente, en temas y en formas” (Pedro J. de la Peña, prólogo a Silva de extravagancias, Calambur, 2000, p. 9).
Y, como era de suponer en un artista levantino, insiste de la Peña en la importancia del mar, lo que es, sin duda alguna, una característica de su mediterraneidad, ya que el libro está concebido como un homenaje al mar, al azul que todo lo absorbe, ámbito donde se contempla la vida y su transcurrir, dice el poeta de Reinosa sobre ello: “Y en ese “Canto final” asumía la calidad marina de su tierra como algo destinado, igual que todo, a convertirse en mar, a ser parte del mar y de la muerte en una identidad que señaló Jorge Manrique prodigiosamente” (p. 10).
Y también es importante de este prólogo la mención al tiempo, clave para entender Silva de extravagancias. Hay un latente deseo del poeta alicantino de recordar la infancia, época feliz, edén donde el niño que fue vive, a veces, cuando madura la soledad y la melancolía, en el pensamiento. Pero la vida golpea con sucesos, tragedias, deseos, alegrías, etc. Todo ello hace que al poeta consciente de su paso por el mundo, ensimismado, a veces, como lo estuvo César Simón al mirar la vida.
Hay, en el prólogo de de la Peña, hermosas palabras que no me resisto a no citar: “Recuerdos y olvidos son sinónimos de escrituras y silencios: de grandes hilvanes punteados en la blancura de una sábana, de huellas gigantescas sobre un manto de nieve” (p. 11).
Lo que dice de la Peña es cierto, la memoria de Porpetta teje con suavidad el tapiz de su vida, adorna, con esmero, el espacio de los recuerdos.
Para el poeta de Reinosa Silva de extravagancias es un libro esencial, donde el poeta alicantino busca menos el barroquismo de otros libros anteriores y se concentra en la emoción, estado que siempre ha vivido en su obra.
Termina de la Peña diciendo algo que confirmo plenamente, tras la lectura atenta de sus versos: “La poesía futura contará con los versos de Antonio Porpetta, más dignos de saberse y recitarse que los de algunas cumbres apresuradas y desmañadas…” (p. 13).
Para confirmar todo lo que dice el poeta de Reinosa, he seleccionado un poema de Adagio Mediterráneo titulado “Los ángeles del mar” y varios poemas de Silva de extravagancias.
Considero que su obra anterior tiene mucho interés y descubre un lirismo que se acrecienta en los libros citados.
El primer poema nos habla de los ángeles del mar, los cuales llevan a los ahogados hasta las playas donde cuidan sus cuerpos inertes, para que recobren la belleza desaparecida.
Hay en el poema todo un mundo mitológico de ángeles que arrastran al hombre para extraer de él su halo divino: “Los ángeles del mar, cuando llega la noche, / arrastran suavemente a los ahogados / hasta playas amigas, / y allí limpian sus cuerpos de algas y medusas / y peinan sus cabellos con esmero / para que no parezcan tan difuntos / y sus madres, al verlos, / no piensen en la muerte” (vv. 1-8).
En estos versos ya aparece la noche, espacio de silencio y recogimiento, ámbito donde es posible aquello que se le niega al día, y también está presente el mundo marino: algas, medusas. La delicadeza con que los ángeles cuidan a los ahogados es deslumbrante: “y peinan sus cabellos con esmero” (v. 5). Todo, para que las madres, el mundo del afecto,  no vean al hijo en mal estado, corroído por la muerte. Ante todo, el poeta pretende hacer una oda a la vida frente a la muerte, que todo lo devasta.
Tal es el afán de resucitar al ahogado, para que conserve la belleza que poseía en la vida: “Casi siempre suplican a las altas querubes / que trasladen sus almas con cuidado, / porque el mar dejó en ellas / salobres arañazos, /golpes de barlovento, heridas abisales” (vv. 21-25).
 No hay duda que el poeta alicantino hace mención del proceso de vivir, el mar es metáfora de la vida, que deja heridas y cicatrices: “salobres arañazos”. El esfuerzo de vivir supone esos golpes que ahora se quieren restituir. Los ángeles pretenden que las almas de los ahogados lleguen intactas al reposo eterno. Pero, nos preguntamos, ¿cree el poeta en otra vida? Sin duda, en la que le lleva a seguir viviendo en el recuerdo de la belleza, en la que nos deja el poso de lo hermoso que ha sido nuestro transcurrir.
El tiempo, clave en la poesía de Porpetta, aparece cuando dice: “Y en el más largo instante / vieron cómo sus vidas se alejaban, se hundían / en el temblor callado de las aguas, / y con sus vidas iba su memoria, / y en su memoria todo cuanto amaron / o pudieron amar, / y su dolor fue grande” (vv. 26-31).
El final del poema cuenta la marcha de los ángeles, cuando ya han quedado los ahogados limpios y puros, hermosos para la eternidad.
El contraste se establece entre la blancura de los ángeles y los ya muertos, conservando el brillo dorado, como si perteneciesen a una estirpe de dioses que han de vivir hasta la eternidad: “Cumplida su misión, vuelan los ángeles / hacia las blancas ínsulas del sueño, / y los ahogados quedan / solitarios y espléndidos / en sus dorados túmulos de arena, / serenos como dioses, / dignos en su derrota, / esperando que nazca la mañana, / que les cubra de luz, / que jamás les alcance / el frío del olvido” (vv. 32-42).
La mención a ínsulas nos recuerda al mundo de caballerías, espacio de ensueño y de ficción y, por ende, al Quijote de nuestro ilustre escritor. Pero también al mundo de los dioses, ya que el propósito del poeta es que la muerte no triunfe mientras exista la memoria, el poder de evocar a quien se va es también la capacidad de resucitar su presencia en nuestra vida.
“El frío del olvido” es la muerte, pero los ángeles, con su esmero y delicadeza, ha posibilitado que la muerte no triunfe sobre la vida a través del recuerdo.
Como podemos ver, Porpetta es un poeta que lucha por imponer la memoria como un tema esencial en su poesía.
Este núcleo temático de su obra aparece repetidamente a lo largo de su libro Silva de extravagancias. Aparece en el poema 6 cuando dice: “Tengo sólo una amante / mi memoria” (vv. 1-2). En este brevísimo poema, Porpetta ya nos dice hasta qué punto es importante el recuerdo, su permanencia en nosotros.
En el poema 7 insiste el poeta alicantino en el deseo de recuperar todo lo vivido. “Hay que recuperar / el tacto de la fiebre y el color de las noches” (vv. 1-2). Se refiere, sin duda, a todo aquello que nos motiva, lo que nos hace sufrir o nos produce pasión (la fiebre) y lo que nos da alegrías (el color de las noches).
El poema, muy bello, dice en otros versos inolvidables: “Hay que recuperar / las verdes madrugadas y la sombra del río, / las campanas más tiernas y las manos sin dueño / la semilla del agua y los pasos perdidos, / la danza de las naves” (vv. 11-15).
Como vemos, está presente el río, metáfora manriqueña de la vida que va dar a la mar, símbolo  de  la  muerte), las  campanas (espacio  sonoro  que representa el eco de nuestra voz en el mundo, plena de alegrías y sinsabores), las manos sin dueño (la libertad), la semilla del agua (el origen de todo, lo que germina y crece, el fruto querido, la vida recién nacida), los pasos perdidos (los errores, pero que dan sentido a nuestra vida) y la danza de las naves (el baile que mece nuestro tránsito vital, emociones y dichas, tristezas y decepciones).
La insistencia en el verbo “recuperar” es la reiteración necesaria para que entendamos que el poeta quiere hacer presente la memoria, nuestro puerto, el lugar donde podemos amarrarnos, para no perder, con el paso del tiempo, nuestro sentimiento de estar vivos.
Al final del poema, dice Porpetta ya de forma más clara y menos metafórica lo que ya había dicho antes: “Hay que hacer lo imposible para descubrir de nuevo / ese torpe milagro, ese absurdo prodigio, / esa hermosa miseria que llamamos la vida, / con todo su caudal de ardiente escalofrío” (vv. 16-19).
Sobran las palabras, la vida es identificada como “hermosa miseria”, espacio lleno de claroscuros y, naturalmente, torpe milagro (sensación de hallarnos adheridos a un mundo que nos ofrece todo y en el que nos vemos, a veces, como fantasmas) y absurdo prodigio (la vida como ámbito hermoso, no exento de crueldad). Para Porpetta, la vida es un hermoso sinsentido, ya que nos regala un mundo lleno de colores y de belleza, pero también la faz de la muerte en niños carentes de toda culpa.
Por todo ello, termina el poema con dos adjetivos “ardiente” y “escalofrío”, ya que la vida  es  pasión, pero  cuando  la  pensamos, con  la  luz  de  la  conciencia  (como  diría Carnero) nos estremece a su paso, nos devasta con su arbitrariedad infinita.
Porpetta vuelve, como ya lo hizo en Adagio Mediterráneo, al tema del mar. Es, el espacio levantino, ámbito de luz, lugar donde se produce el milagro de la vida. El poeta dice en el poema nº 22: “Entra por la ventana, en oleaje, / toda la amanecida. / No sé si estoy despierto o todavía / navego en un poema. / Mil versos como páginas picotean en mi frente, / y una música leve como me acaricia. / Una mañana más…/ Tú, junto a mí, respiras” (vv. 1-8).
La visión de la claridad del día (la amanecida) y ese espacio compartido interior-exterior donde el poeta contempla el mundo: la ventana. Recordemos el balcón en la obra de Brines o en César Simón, ambos poetas valencianos miraban desde dentro al mundo para cumplir el goce de los sentidos, como si fuese niños recién nacidos que contemplasen el desconocido espectáculo (fascinante y desolador) de la vida.
También Porpetta mira desde la ventana, duda de su apego a la realidad, como el niño que aún no conoce bien lo que le rodea y debe examinarlo con esmero: “No sé si estoy despierto o todavía / navego en un poema”. El acto de navegar se explica en esa sensación del acto poético como trayectoria vital sobre el mar (aquí espejo de la vida, en contraposición al sentido que le dio Manrique, símbolo para este último de la muerte).
Aparecen los pájaros, los cuales iluminaban también la poesía de Brines (no hay que olvidar que su famoso libro Las brasas, tenía  un  apartado  llamado “El barranco de los pájaros”, lugar donde el niño Brines se va haciendo hombre y se encuentra con la belleza y la crueldad de la vida). En el poema de Porpetta son símbolos de la libertad, seres que, en su pequeñez, expresan la belleza (al igual que las golondrinas eran el recuerdo del amor para Bécquer). La música es el espejo de un mundo que canta, compañía necesaria para la dicha. Se trata de una música suave, que le sirve para despertar al lado de la amada (hay un profundo romanticismo en muchos poemas del escritor alicantino).
Por ello, el poema termina con la presencia de la mujer, compañera infatigable, que duerme con el poeta: “Una mañana más…/ Tú, junto a mí, respiras”.
El poeta comparte su vida, no renuncia, por el mundo del arte a la vida, como sí lo hacía Juan Ramón Jiménez en algunos de sus poemas donde la exaltación por el lenguaje y la escritura vence al amor.
Porpetta no, él dice sí a la vida, sin olvidar la poesía, aunando dos mundos, en una extrema fusión que le enriquece.
El deseo de vivir, de compartir con alguien la vida, va calando en los poemas, como ocurre en los bellos versos del poema 38: “Miro los altos álamos y veo / tu voz entre las hojas, / y tu mirada escucho / entre un rumor de pájaros y ensueños. / Es de oro la tarde. / Y quiero seguir vivo” (vv. 1-6).
Manifestación extrema de ese deseo de permanecer, de vencer, a través del amor, a la muerte. De nuevo, los pájaros: “entre un rumor de pájaros y ensueños”. En mi opinión, el pájaro es el nexo de unión que fusiona los dos mundos del poeta: el de la ficción (su poesía) y el de la vida (representa la entrada en su mundo de la armonía y la belleza). También la presencia de la mujer: “tu voz entre las hojas”, el poeta ve la voz, no la oye, porque el acto máximo no es el sonido, sino la contemplación, donde se cumple el rito amoroso y donde se manifiesta su amor por la vida (recordemos la importancia de la contemplación en otros poetas levantinos: Brines, Simón y Carnero, entre otros).
La voz de la mujer ha de estar en la Naturaleza, lo que nos lleva al mundo renacentista, poblada de pastores y pastoras idealizadas.
Hay, sin duda alguna, en el mundo poético del alicantino un clasicismo latente, una estética que le lleva a decir, en el magnífico final de este poema: “Es de oro la tarde, / Y quiero seguir vivo”.
Tarde llena de luz, de vida, espacio al que no se debe renunciar, mágico lugar donde se cumple el amor y sus costumbres.
El deseo, en la mayoría de los poemas, de reivindicar la memoria le lleva en el final del poema 46 a decir: “Que sólo llega de verdad la muerte / cuando el olvido llega” (vv. 7-8).
El final es extraordinario y centra el universo de este hombre emotivo que escribe con claridad y con refinado gusto sobre temas tan esenciales en nuestra vida como el amor, el tiempo, la memoria, etc, y que logra conmovernos a través de una obra sincera y hermosa que, como decía de la Peña, está a años luz de algunos que han sido encumbrados sin suficientes méritos para ello.

 LA MIRADA INTRAMUROS 

No quisiera terminar este acercamiento a la obra elegante, esmerada y llena de armonía de Antonio Porpetta, sin referirme a su último libro de poesía, La mirada intramuros, publicado por Huerga y Fierro en el año 2007 y que tiene como centro temático la casa del poeta, entendida como universo donde se han congregado voces, aromas, ecos del ayer y, desde luego, emociones inmensas de una vida bien vivida.
Los poemas refuerzan ese sentimiento de pertenencia a un lugar amado, como dice el primer poema del libro titulado “Esta casa”: “Esta casa soy yo, libérrimo y cautivo, / nostálgico de mar, sediento siempre / de versos y mañanas. / Renazco en su regazo, de sus venas me nutro, / y yo soy esta casa, en su luz y en su noche, / en los altos secretos que sus muros me dictan, / que la vida me otorgan, / que indemne me redimen, / y que indemne me salvan” (vv. 18-26).
Me gusta esta parte del poema, porque el poeta de Elda expresa muy bien que la casa y él son un mismo espacio, ambos, a fuerza de costumbre, se identifican. La casa es el lugar de las oposiciones (libérrima y cautivo, luz y noche), es también el espacio del crecimiento: “renazco en su regazo, de sus venas me nutro”.
Hay, en la casa, un lenguaje que está compuesto de confidencias, idioma que inspira y da poder, lengua que nace más allá de las palabras, en el tuétano del ser y en los muros de la casa.
Esa tremenda intimidad es el verdadero tema del libro. Rafael Carcelén García dice en el brillante prólogo al mismo lo siguiente: “Patria la casa, patria las palabras: una y la misma estancia. La palabra: lugar de encuentro y acogida, cobijo sereno, aposento” (p. 10).
No sólo la casa es el motivo de homenaje para Porpetta, también lo son los habitantes de la misma: los pájaros, la hiedra, la veleta. Todos han crecido en el entorno de la casa y son presencia viviente, incluso, cuando ya se han ido.
En el poema “Los pájaros”, dice el poeta: “¿Dónde estarán  los pájaros? / ¿Dónde la plata viva de sus voces? / ¿Dónde la geometría de sus vuelos / sobre esas tejas pardas / que me cubren, me ocultan, me refugian?” (vv. 1-5).
El poema nos recuerda a los gorriones de Bécquer (como dije respecto a un poema de Silva de extravagancias) y le hacían ver el amor cada día. Los pájaros se han ido y le han dejado solo, herido: “Esa dolida ausencia que me envuelve / no sé si es un presagio / o tan sólo una pausa, o quizás / una renunciación definitiva” (vv. 18-21).
El poeta se pregunta y, tras esa extraña inquietud que provoca sus ausencias, le pide que vuelvan, con ellas el día (el extraordinario momento del alba) tenía sentido, lo iluminaban todo y lo hacían con los mejores presentes: el futuro, la sonrisa, la esperanza.
Porpetta sufre y dice: “Necesito que vuelvan esos pájaros / que me anuncien la luz, / que me ofrezcan de nuevo / su amistoso clamor, / su  liviandad serena y fugitiva…” (vv. 22-26). Con ellos se ha marchado la verdadera vida, se han llevado a su paso, arrancado a jirones, el corazón del poeta.
Termina el poema identificando su vida con los misterios alados: “Mi vida en esos pájaros, creedlo” (v. 38).
Tanto como los pájaros que ya se han ido, el poeta ama la hiedra que crece en frente de la casa, símbolo del paso del tiempo (un tema esencial en su poesía, como vimos en Silva de extravagancias).
La hiedra, como la propia vida, va cambiando, se dinamiza a lo largo de las estaciones, se nutre de los días luminosos y se ensombrece en el otoño, como un ser humano preñado de melancolía: “Cambiará su verdor en el otoño / por un rojo granate estremecido, / y después, tras el frío, / se encontrará a sí misma renovada / y en poderoso impulso / habitará sus venas vegetales / para seguir su ascenso a las alturas” (vv. 14-20).
La hiedra compuesta de venas vegetales va creciendo al igual que el hombre que escala cada día su proceso vital, como un ser que se alimenta de las tonalidades del cielo, que respira el cambio de estación como si fuese oxígeno para crecer.
 Esa identificación del poeta con la hiedra llega a su cénit cuando dice: “Entre el rojo y el verde, / su vida entera pasa y permanece, / como un silente río vertical / sin mar donde morir, buscando el cielo” (vv. 21-24).
La referencia al mar es esencial en su poesía. Antonio Porpetta es un hombre de aroma marino, que lleva en sus venas el agua salada, que respira en las olas cada amanecer y se entrega ensimismado al espectáculo del mar, como si fuese, en su eterno proceso de rumores infinitos, el de su propia vida.
Si no hay un mar donde morir, porque la hiedra crece frente a su casa madrileña, sólo queda el cielo, espectáculo que la planta contempla cada día, embriagada en sus tonalidades azules, tan parejas a las del mar soñado.
Termina el poema, bello como pocos, con estos versos: “Esta hiedra al frente de la casa / es un perfecto símbolo. / O quizás, un ejemplo. / Un espejo, quizás” (vv. 25-28).
La hiedra es el espejo del hombre que la mira, un cristal donde la vida pasa, camina, irremisiblemente, hacia la muerte.
El tema del amor también está presente en el libro, como en el poema “Compañera de lunas”, donde el poeta alicantino nos recuerda, en su hondura, al Pablo Neruda de sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada: “Despertar en tu sueño, y sentir que tus brazos / navegan lentos mares, descubren mundos nuevos. / Me refugio en tu aliento. Una lluvia cercana / no revela que afuera puede acechar el llanto” (vv. 1-4).
El asombro ante el ser amado es absoluto, no hay decepción o desaliento, sino afirmación rotunda del amor: “perfumas a tu paso la levedad del aire / haces de cada gesto un pequeño milagro” (vv. 7-8).
El tiempo no ha horadado el amor, sino que éste, con las estaciones del año, ha cambiado, para producir siempre asombro, como el que el poeta sentía ante la hiedra o ante los pájaros: “La clepsidra del tiempo deja caer los años / pero tú sigues firme, ajena a vendavales, / viendo en cada ventana un paisaje distinto / oyendo en cada rama un arcángel callado” (vv. 13-16).
Al final de tanta entrega, siempre prevalece el amor, una experiencia esencial en la vida, un néctar que perdura y regala siempre nuevas tonalidades, como el mar tan añorado  por Porpetta: “cada vez que te escucho en tu voz me renazco” (v. 20).
Hay otros poemas del libro que destacan por su armonía y por su temática, como el del paso del tiempo en “Saber que una mañana”, donde no se reivindica la nostalgia, sino la memoria, como si ésta nos eternizase y nos arraigase a los lugares vividos, pese a la ausencia de nuestro cuerpo en ellos: “Saber que una mañana no seremos, / pero saber también, estoy seguro, /que estaremos por siempre en esta casa” (vv. 17-19).
Y también la importancia del arte en los rincones de la casa, de las figuras emblemáticas que la habitan durante el día (Modigliani, Mozart, Neruda, Federico García Lorca, Góngora, Azorín, Miró, etc). Todos ellos son reflejos de un mundo hecho por y para el arte, pero también por la vida.
Siguiendo la senda de su admirado Gabriel Miró, el poeta alicantino ama la vida en su belleza inaprehensible, en esa forma de ser y de decir que tienen las cosas que nos rodean, que pueblan nuestro universo. Porpetta se convierte así en un artesano del lenguaje, porque éste nos lleva a la luz que ilumina el acto poético (tema esencial como veremos después en el poeta valenciano Miguel Veyrat).
Vuelve en el poema “El mar desde la ventana” al tema del mar, cuando evoca el tiempo de la infancia y la juventud: “Ante nuestra mirada se extendía / un profundo horizonte: / allí estaban los barcos, el festival de luces / de los grandes cruceros / a las urbanas farolas encendidas / de los pueblos serranos” (vv. 9-14).
Es, en este poema, un mar soñado, ya que se refiere en realidad al “valle que los montes lejanos perfilaban”. Por lo tanto, el poema reivindica la imaginación, la fantasía del creador, aquello que le lleva a ver lo que ya ha desaparecido.
Si el mar es “la verdad azul”, el valle es “la gran mentira verde”. Esta antítesis sirve para hacer más énfasis en su vinculación al mar de la niñez, en su apasionamiento por el Levante natal.
Y me gustaría terminar este repaso por un libro sorprendente por la elegancia y la precisión de sus versos, tan armónicos en su composición como si fuesen espejos de la Naturaleza venerada, con el poema “Hemos de hacer limpieza”, está dedicado a sus hijas Paloma y Marta. Se trata de un maravilloso homenaje a las hijas que han completado su vida con la ternura y el amor que le han dejado.
Todo puede ser olvidado, menos las sombras de ellas en las cosas, el eco de sus voces, lo que me recuerda a La casa encendida de Luis Rosales y, sobre todo, al poema “Desde el umbral de un sueño me llamaron” cuando el poeta contempla los muebles, el armario, los trajes, el lecho y ve la habitación resplandeciente pues los hijos habitan en ella.
Rosales ve, en el momento más deslumbrante de este poema, el pasado, su propia infancia que le habla como un espejo del tiempo y dice palabras tan hondas como: “Y era verdad, era verdad como una calle que nos lleva a la infancia, / como una calle que nos duerme y que después de nieve, puede volver aún…” (Luis Rosales, Poesía reunida (1935-1974), Seix Barral, 1982, p. 212).
Así ve Porpetta la casa, con toda su yerta soledad: “Las paredes ofrecen / una rara orfandad entre las llagas / que ahora se descubren, / pordioseras al sol, entre la hiedra” (vv. 6-9).
Repite en el poema el verso: “Hemos de hacer limpieza en esta casa”, mientras enumera “imposibles corbatas, / zapatos sin caminos, / camisas fantasmales…” (vv. 28-30). Los libros viven en sus nichos y “sufren un sueño lento y humillante, / negados al asombro de los párpados, / a la lenta caricia de los dedos, / al vuelo azul de largas aventuras” (vv. 37-40).
Todo debe desaparecer, ya no vale, porque, al fin y al cabo, son cosas que se pueden reemplazar, pero hay algo que queda, es el eco de sus hijas en la casa, la presencia que no muere, la que confirma el compromiso con ese ámbito que llena su vida y que da motivo al título del libro, ya que es una mirada para dentro, honda y afectiva: “Barramos todo de una vez, barramos / todo…/ pero salvemos os lo ruego, / ese par de memorias o de sombras / que en un rincón quedaron abrazadas, / ajenas a la muerte y al olvido” (vv. 57-62).
Es, en definitiva, esa memoria la que ha de permanecer, memoria afectiva, recuerdo verdadero que se queda en los muros de la casa para siempre.
Y quiero destacar sus Tres evocaciones, donde Antonio Porpetta se reencuentra, en sus sueños, con tres poetas grandes e imprescindibles para entender nuestra poesía, Quevedo en “El encuentro”, García Lorca en “Crónica de una mañana oscura” y José Hierro en “José Hierro lee un poema inédito a un grupo de amigos”.
Los tres son muy bellos, pero me llama la atención especialmente el que le dedica a José Hierro, gran poeta y persona de enorme humanidad que regaló a sus amigos y a todos los que le conocieron.
Es un poema que describe al poeta madrileño en su inmensidad, la voz del poeta es descrita así: “Y la voz del poeta, esa rara amalgama / de esquirlas y de pétalos” (vv. 39-40).
Las manos del poeta son “de piedra” y los ojos “dos ríos despeñados”. En José Hierro convive la alegría inmensa de su carácter afable y emotivo y la sensación de haber tenido una vida dura, a través de la erosión que la tragedia ha ido dejando en sus ojos acuosos.
El poema termina con unos versos que deslumbran por su autenticidad, lo que nos habla claramente de la honda verdad que lleva en su decir poético el poeta eldense: “Quedó lejos el mundo, el tiempo, detenido. / Dormitaban los campos: / ni la más leve brisa, ni un susurro de árboles, / ni un cántico lejano, ni un rebullir de pájaros. / Muy dentro de nosotros, para siempre / aquel caudal inmenso de poesía, / aquel caudal inmenso de emoción” (vv. 57-63).
Con estos versos llenos de lirismo y de belleza, el escritor alicantino completa un libro que destila emoción y sinceridad a través de un verso cristalino como el agua del mar que añora desde su más tierna infancia o del río cuyo nombre no recuerda (en el poema del mismo título dedicado a Gabriel Miró).
Los temas (el tiempo, el amor, el esplendor de la Naturaleza, la importancia del arte para enriquecer la vida) son clásicos y en Antonio Porpetta se hacen inolvidables, hondos como su sabio decir.
Todo rezuma luz, un ámbito que no tiene parangón y, en este último libro, la casa tiene vida, palpita, porque en ella hay jirones de la vida de este gran poeta alicantino.

sábado, 13 de mayo de 2017

Entrevista a Mario Meléndez


Con motivo de la reciente publicación de El mago de la soledad del poeta chileno Mario Meléndez por Valparaíso México  y Círculo de Poesía, dentro de la Nueva Biblioteca de Poesía Hispánica, ha sido entrevistado en la ciudad de Puebla, México, en el Café-Galería Amparo, en donde se presentó el pasado 27 de abril de 2017. Incorporamos el enlace al video. 

[...] Sin duda El mago de la soledad es una muestra del trabajo y la evolución de un poeta que poco a poco ha ido construyendo su propio nombre en el contexto de la poesía hispanoamericana. La presente antología es un punto en medio del camino de un poeta que no se detiene, de uno que va y que regresa al origen de su propia vocación. Mario Meléndez es un poeta que en cada texto celebra la existencia, la realidad presente y su reverso, celebra la tradición que lo precede y de la que él se siente un ciudadano más en busca de su nombre, de su casa y del lenguaje, de lo inaudito, del pasado que sabe a futuro, del verdadero Misterio. Mario Meléndez es un mago de la soledad. (Álvaro Solís | Círculo de Poesía)



Video de la Entrevista a Mario Meléndez, Café Galería Amparo, Puebla, México 

Esta antología es una valoración personal de su obra, de la que extraemos un poema:



Cámara lenta

El señor del chaleco triste
ya no da de comer a las palomas
los domingos por la tarde

Ahora ha encontrado una viuda joven
con la que espera pasar sus últimos días
tendidos en el lecho y comiendo manzanas

Los domingos por la tarde
vuelve a aquella plaza
del brazo de su amada

y se sienta en el mismo banco
a contar la misma historia
que antes repitiera a las palomas

La mujer escucha embelesada
cada palabra que asoma
por la boca de su héroe

El paisaje se cruza de brazos
el viento cabecea y bosteza entre los árboles
la tarde sale a estirar las piernas


las palomas lo miran con nostalgia

martes, 18 de abril de 2017

Tomás Hernández Molina. Lectura poética

Lecturas del Ateneo

El próximo jueves día 20, a las 20 hrs, en una nueva sesión del ciclo Lecturas del Ateneo, el poeta jienense Tomás Hernández Molina, presentará su libro 174517 [El corazón del pájaro] (Premio Ciudad de Pamplona, 2016)

LUGAR: Biblioteca de Andalucía, c/ Profesor Sainz Cantero, nº 6, Granada.

El acto será introducido por Álvaro
Salvador.



Tomás Hernández Molina
Tomás Hernández Molina
TOMÁS HERNÁNDEZ MOLINA (Alcalá la Real, Jaén, 1946) es autor de los siguientes libros de poesía: Esfinge (Valencia, 1978); La manera en que muerdes tus labios cuando esperas (Valencia, 1981); El viaje de Elpénor (Biblioteca Nueva, Madrid, 2004); Cuaderno de Salobreña (Salobreña, 2004); Y véante mis ojos (Premio Ciudad de Zaragoza, 2005); Última línea (Premio Jaén, Hiperión, Madrid, 2007); Accidentes geográficos (Las Palmas de Gran Canaria, 2008), Peñón de la Caballa (Premio Antonio Oliver, 2009), 174517 [El corazón del pájaro] (Premio Ciudad de Pamplona, 2016). En el año 2005 recibió el premio Manuel Alcántara. Su poesía ha sido reunida en Tres veces vino y se fue el invierno. Antología 2004-2009 (Instituto de Estudios Giennenses, Jaén, 2013.
Ha traducido una selección de los Epigramas de Marcial (Universidad de Granada, 2003) y preparado una edición de la poesía de Francisco de Aldana (Madrid, 2005). En el año 2012, publicó Un viento inesperado, que trata del naufragio de la armada de Felipe II en La Herradura en 1562. 
Sobre este suceso ha impartido varias conferencias y participado en el V Simposium Hispano-Árabe. Ha sido colaborador en la Revista de Filología Hispánica y en los diarios Las Provincias de Valencia y Levante. 
Actualmente publica en Costadigital.es. Es miembro de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios y del Centro Andaluz de las Letras.
Ha sido profesor de enseñanza media y de la Universidad de Valencia.

miércoles, 5 de abril de 2017

Revista ómnibus n. 54

Revista ómnibus n. 54
Revista Ómnibus n. 54

Madrid en Arte 2017

 Queridos amigos:
En nuestro número 54 nuevamente hemos salido a recorrer las calles de Madrid en Arte, presentando obras de Arco, JustMad y Art Madrid fotografiadas por Benito Pintado. Y también un artículo de Mario Wong "Volver sensible" en la exposición Anonymous Faces & the Space-time Characters.

En Literatura, un pequeño homenaje al centenario del nacimiento de Juan Rulfo, artículos críticos de literatura de Alberto Julián Pérez, Mercedes Golvano y Mario Wong.
En creación literaria, se han seleccionado poemas de Dimitris Lyacos, Alí Calderón, Eduardo Escalante, Adán Echeverría, Eleonora Finkelstein, Hugo de Mendoza y Alejandro Rejón.

Muchas gracias por seguirnos en esta aventura cultural.
Consejo Editor de Ómnibus.

Revista intercultural


sábado, 1 de abril de 2017

GYM INTERNACIONAL de POESÍA

Abre sus puertas el primer GYM INTERNACIONAL de POESÍA



Hoy abre sus puertas el primer GYM ONLINE e INTERNACIONAL de POESÍA para todas las personas que quieran entrenarse y ganar músculo creativo para escribir poesía del siglo XXI. Este GYM ONLINE surgió de la asociación de LiterAula.com y Mirada Malva. LiterAula es el programa más innovador en el entrenamiento y la práctica de la escritura creativa.

El GYM ONLINE de Poesía está coordinado desde Granada, España, por la escritora y crítica María Ángeles Vázquez, directora de la Mirada Malva y de la revista Ómnibus. Los lectores de este blog y de Ómnibus pueden acceder a este GYM novedoso y revolucionario por solo 29 euros/mes.

VENTAJAS del GYMONLINE de POESÍA

* Entrenamiento poemático/poético de alto nivel guiado por escritores y críticos profesionales desde España.
* Usted entrenará con personas de diferentes países que tienen sus mismas aficiones e intereses. LiterAula fomenta el intercambio creativo internacional.
* Los mejores poemas de los alumnos se publicarán en España y en revistas internacionales de literatura. ¡Bríndele visibilidad internacional a sus creaciones!

El trabajo de los poetas suele ser solitario y a veces aislado y lleno de tropiezos. El GYM ONLINE LiterAula de POESÍA nació para darle a los poetas el mejor espacio virtual de entrenamiento y práctica para mejorar la calidad de sus poemas. Con buen entrenamiento y buenos instructores, el aprendizaje y los avances técnicos y creativos de sus poemas está garantizado.

GYM ONLINE dePOESÍA

Periodicidad: Mensual
Duración: Indefinida
Plazas: Limitadas a un máximo 15 alumnos por grupo
Apertura de Grupos: Cada mes se abren las inscripciones para nuevos alumnos.

Precio al público en general: 39 Euros/mes

Precio para lectores de Ómnibus y Mirada Malva: 29 Euros/mes

¿Cómo funciona el GYM ONLINE de POESÍA?

El GYM LiterAula de POESÍA es un espacio virtual de entrenamiento privado para los integrantes de cada grupo (de máximo 15 personas), con la guía de escritores y críticos profesionales desde España. A partir de las propuestas del profesor, los alumnos crean e intercambian sus poemas, valoran los trabajos de sus compañeros y reciben la tutoría del profesor para la mejora de sus textos. Este espacio virtual de entrenamiento está abierto todo el año y fomenta la interacción entre los alumnos para optimizar el aprendizaje individual y colectivo. En el GYM LiterAula de POESÍA usted nunca estará sol@.

Temario del GYM ONLINE de POESÍA

1. La poesía como acto de comunicación
2. Las claves para entender la escritura poética: aprender a escribir y a leer poesía
3. La emoción, la inspiración creativa
4. Los temas infinitos de la poesía
5. Las formas clásicas (soneto, cuarteto, haiku, etc.)
6. Las formas de las vanguardias poéticas más revolucionarias
7. La poesía experimental de innovación
8. El ritmo y el tono en la poesía
9. La construcción de la voz poética propia

El entrenamiento en el GYM ONLINE de POESÍA también abarca todos los ámbitos técnicos, temáticos y conceptuales para la creación poética del siglo XXI. Los mejores poemas de los alumnos se publicarán en España y en revistas internacionales de literatura.

Mirada Malva y la revista Ómnibus promueven el desarrollo cultural de los países y las comunidades hispanohablantes y recomiendan este GYM ONLINE de POESÍA porque anima a las personas a expresar sus ideas, sentimientos y emociones a través de la poesía. ¡Apúntese y entrénese!

Información e inscripciones en la web:
http://literaula.com/

Bienvenid@ al GYM ONLINE de POESÍA LiterAula


Usted ya no está sol@.

viernes, 24 de marzo de 2017

Poemas de Fabio Strinati

Pensieri nello scrigno. Nelle spighe di grano è il ritmo. Fabio Strinati

Poemas de Fabio Strinati


De Pensieri nello scrigno. Nelle spighe di grano è il ritmo

(Edit. Il Foglio, 2014)




ANIMA


La morte ha un odore di selvatico

più delle lacrime cadute a terra prematuramente,

seminate di speranza e di sorgenti

con accanto le mostrine incanutite di poveri soldati

caduti in guerra e mai risorti,



come

la morte, lei penetra porta scompiglio

e in novembre, solo un vago ricordo di quell'anima

vagante che ha vagato stanca per i campi spenti.






DENTRO LA MIA ANIMA



Dentro il mio io interiore, a volte triste e in solitudine...



ho l'anima che cerca il romanzo della vita

per non morire giovane su questa terra affaticata,



...solcare il mare

lasciandosi alle spalle un lacrimoso tramonto,

che sappia rinverdire l'anima mia di gioia e di speranza



I miei occhi osservano la primavera: stagione che penetra

con eleganza, come ogni mattina

quando penso alla preziosità della vita...



la più bella scoperta,

l'avventura in un lungomare di conquista





IO



Credo che la vita sia il mio principale aguzzino,



e quando ci sono quelle giornate umide

e le mosche bidonate nella lordura del momento,

mi ritiro nel mio bureau di taccuini,

guardo il cielo e mi rivedo spiaccicato

su quelle lente nuvole stracolme d'acqua

in quei giorni stringati di dicembre

e i cortili imbiancati come lenzuoli d'avi e di morte.





PRELUDIO                                                                  




La voce arranca, arretra tardiva al tramonto

crepa e sospira,


consuma un tempo nell’ambiguo vuoto circostante,


mentre scompare il vento che lì finisce e straripa.






VUOTO                                



Ho in prestito illusori letarghi d’animale

come invisibili le tane patite e noi, frasche


abbandonate all’interno di un vuoto assonnato.





ANGOSCE                                                                                                                                      



L’anima che invecchia tra gli alberi

dove un legno secco marcisce

è preda del suo spreco inciso

sulla pelle fustigata, estenua del presente,



scende sconosciuta fuliggine

che piano si nasconde.





MORTE


La polvere sui quadri
come sui vermi
i maturi frutti.




LA FALCE



L'attenzione è un trucco,

segue le ombre,
le più stanche.

jueves, 23 de marzo de 2017

Sospechosos en tránsito: las vueltas abiertas de América Latina

Esta antología publicada por Demipage Editorial (2017) reúne a escritores nacidos en algún lugar de Latinoamérica y que viven en España. Todos han conspirado en el apretado salón del cuento. Contiene, además, un mapa para escapar de los corsés ideológicos que tantos militares, políticos e intelectuales trataron de imponer al continente; un pergamino con veinte itinerarios que recogen distintas formas de huir, de volverse sospechoso en dos países a la vez, en el despegue y en el aterrizaje. Veinte maletas con ropa suficiente para vestir al anfitrión de huésped.

La mayoría de las veces, el escritor que elige emigrar no cuenta con facilidades, y en su experiencia confronta circunstancias que no hubiera vivido de haber permanecido en su país de origen. A los autores aquí reunidos les une la experiencia de la partida y cómo repercute en su escritura.

Selección de Doménico Chiappe

«Aeroplanos cortan el celofán de un cielo tropical,
abriendo surcos para llevar al exilio o la vuelta
a los que ya no aguantaron más.
Huellas en el mar».
Charly García

Autores antologados
Clara Obligado
Santiago Roncagliolo
Hernán Casciari
Gabriela Wiener
Marcelo Luján
Fernando Iwasaki
Lucas García París
Rafael Romero
Carlos López-Aguirre
Sergio Galarza
Carlos Salem
Elisa Fuenzalida
Jose Antonio García Simón
Consuelo Triviño
Juan Carlos Méndez Guédez
Leonardo Valencia
María Fernanda Ampuero
Jorge Eduardo Benavides
Cristina Peri Rossi
Karina Sainz Borgo

viernes, 17 de marzo de 2017

Palabra de autor (Conversaciones con escritores)

Marcos Fabián Herrera Muñoz, Colombia, 1984. Poeta y periodista cultural ha ejercido la crítica literaria en diversos periódicos y revistas de Europa y América, entre ellos Prensa Latina, Revista Universidad de Antioquia, Aurora Boreal,  Alhucema, Ómnibus, Puesto de Combate y Cuentosymas. Autor de los libros El Coloquio Insolente: Conversaciones con Escritores y artistas colombianos;  Dialogantes; Silabario de Magia y Huerto de olvidos (poesía). Varios de sus cuentos y poemas han sido traducidos al francés, italiano y el inglés
Sus diálogos con escritores y artistas para la prensa cultural hispanoamericana, le han reportado unánimes elogios y lo han ubicado como uno de los cultores más versátiles, documentados y agudos de la conversación literaria.

Palabra de autor (Conversaciones con escritores) es su última publicación en Sílaba editores (2017) donde entrevista a Consuelo Triviño Anzola, Julio Ortega, Fabio Martínez, Fernando Cruz Konfly, Darío Ruiz, Sergio Ramírez, Javier Vásconez y  Pablo Montoya, entre otros.

lunes, 13 de marzo de 2017

Taller GYM de Cuento online

 Taller GYM Internacional de Cuento con descuentos para lectores de 

Taller cuento y relato LiterAula
Literaula


Llega un concepto innovador y revolucionario para la práctica de la escritura creativa: el GYM ONLINE de Cuento LiterAula. Ideal para todas las personas que quieran entrenarse y mejorar en el arte de escribir cuentos. El aprendizaje está garantizado con buen entrenamiento y buenos instructores.

Mirada Malva y LiterAula, el programa español de formación online para narradores, suscribieron un acuerdo que beneficia a los lectores de la revista Ómnibus y del blog Mirada Malva para que puedan acceder a este Taller GYM Internacional de Cuento por solo 29 euros/mes.

VENTAJAS del GYM ONLINE de Cuento

* Entrenamiento narrativo de primer nivel guiado por escritores profesionales desde España.
* Usted entrenará con personas de diferentes países que tienen sus mismas aficiones e intereses. LiterAula fomenta el intercambio creativo internacional.
* Los mejores cuentos y relatos de los alumnos se publicarán en España y en revistas internacionales de literatura. ¡Dele visibilidad internacional a sus creaciones!

El trabajo creativo de los cuentistas suele ser aislado, solitario y muy sufrido. Escribir aislado produce cansancio y provoca el desaliento y a veces la desesperación. El GYM ONLINE de Cuento LiterAula ha llegado para resolver todo esto. La creación de cuentos y relatos es una actividad individual, ¡pero no debe ser solitaria! El GYM LiterAula es el mejor lugar de internet para entrenar y mejorar la calidad de sus textos.

GYM ONLINE de Cuento y Relato

Periodicidad: Mensual
Duración: Indefinida
Plazas: Limitadas a un máximo 15 alumnos por grupo.
Apertura de Grupos: Cada mes se abren las inscripciones para nuevos alumnos.

Precio al público en general: 39 Euros/mes

Precio para lectores de Ómnibus y Mirada Malva: 29 Euros/mes

¿Cómo funciona el GYM ONLINE de Cuento y Relato?
El GYM LiterAula es un espacio virtual de entrenamiento privado para los integrantes de cada grupo (de máximo 15 personas), con la guía de escritores profesionales desde España. A partir de las propuestas del profesor, los alumnos crean e intercambian sus cuentos y relatos, valoran los trabajos de sus compañeros y reciben la tutoría del profesor para la mejora de sus textos. Este espacio virtual de entrenamiento está abierto todo el año y fomenta la interacción entre los alumnos para optimizar el aprendizaje individual y colectivo. En el GYM LiterAula usted nunca estará sol@.

Temario del GYM ONLINE de Cuento y Relato

1. Cómo se cuenta un Cuento y un Relato
2. La creación de personajes
3. El diseño de la trama
4. La ambientación de cada historia.
5. Técnicas de desbloqueo: la protogénesis del Cuento y el Relato (el proceso de creación de una pieza corta a partir de cero o de pequeñas ideas y emociones).
6. El narrador y el punto de vista
7. La verosimilitud de los personajes y de la historia
8. La claves de la ficción y de la no ficción
9. El principio y el final en el Cuento y el Relato

El entrenamiento en el GYM ONLINE de Cuento y Relato también abarca todos los ámbitos técnicos, temáticos y conceptuales de la narración corta. Usted se entrenará en todos los géneros del Cuento o en aquellos que más le gusten. Sus mejores cuentos y relatos se publicarán en España y en revistas internacionales de literatura. ¡Apúntese y entrénese!

Mirada Malva y la revista Ómnibus fomentan el desarrollo cultural de todas las comunidades que hablan y escriben en nuestro idioma y recomiendan este GYM ONLINE de Cuento y Relato porque anima a las personas a narrar sus historias reales y de ficción y a aumentar la riqueza y diversidad cultural de nuestra gran comunidad hispanohablante.

Información e inscripciones en la web:

Bienvenid@ al GYM ONLINE de CUENTO LiterAula.

Usted ya no está sol@.



domingo, 12 de marzo de 2017

Poemas de DIMITRIS LYACOS

Poemas de Dimitris Lyacos
Dimitris Lyacos


Fragmento de POENA DAMNI. Ζ213: EXIT de Dimitris Lyacos


Traducción de pasajes selectos 
por Javier Aldabalde y Marcelo de Maio 






I

El sol deja la estación te persigue, sube, se mueve frente a ti, encuentra dónde habías estado, busca, allí o en otro lugar, en las fachadas grises que no te reconocen, qué recuerdas del camino que se perdió, vuelve a una esquina siéntate un rato, y una vez más, los caminos que estás cambiando, horas que vagaste, ancianas que te miran a través de la ventana se agrandan achican caminas sin salir a ningún lado, los caminos se ensanchan estrechan tuercen bajo tus pies se elevan suben otra vez, te levantas sientas avanzas un poco más, preguntas a alguien, entras, iglesia llena, habrá muerto alguien, descansas un poco, rodillas cerradas, ojos cerrados, recuerdas algo sales otra vez, otros contigo, la campana, el botones que abre la puerta, entras detrás de ellos hasta el final del corredor, luego en la derecha y subiendo las escaleras, lentes gruesos, y una mancha roja bajo su nariz, él no te prestó atención ni te tomó por otra persona, cómo haría para reconocerte mirando desde la luz a la oscuridad, o no ve bien, sube las escaleras, hasta arriba, acuéstate, cúbrete, es demasiado temprano para dormir. Tienes frío, cúbrete, te acurrucas, tiemblas, te tiras, de pies a cuerpo a manos un líquido pegajoso te cubre, te tomó por alguien más y te dejó entrar, quién más vive aquí, te cubre, te despiertas en un sueño, vacío, ojos que se abren y nos separan otra vez, no puedes tirarla hacia ti, te levantas, te caes, tienes sed, te despiertas por agua, siempre la misma historia, qué hora es, las luces afuera, cuenta cuántas encendidas cuántas apagadas, el yeso cansado arriba esperando, como una cucaracha, solo y quieto como una cucaracha, buscando aquí y allá un lugar tibio para esconderse, sudas, del calor, el techo baja hasta tus pies la ventana baja hasta tus pies, desde allí qué puedes ver, solo cielo, cielo sin nada, nada sobre los techos, de tus pies hasta tus rodillas, te levantas sales al corredor, las otras habitaciones vacías también, salvo donde se escucha el dormir, vuelves a tu cama ojos abiertos hacia la oscuridad esperas en la oscuridad para dormir.

(…)



  
II


Subimos. Una escalera detrás de los baños, verticales casi, apenas si podía ver algo más, seguía casi a ciegas. Como una ola alzándose, un suspiro. Como si no hubiera sido real hasta que entramos y ella cerró la puerta. Silla, cama, no veía nada más, se apiñaron alrededor mío. Ella corrió la cortina, la cama cedió, la silla para sostener mis pantalones por un momento. Boca entreabierta. Boca entreabierta sobre mí. Ella me tomó me senté a su lado me recliné ella se subió arriba abrió tomó mi mano y la metió para tocarse entre sus pechos. Su mano en el medio separando los pelos. Me levanté un poco para tocarla, caí de nuevo, su boca en mí. Ella chupaba demasiado fuerte, la silla, dondequiera que podía, cerraba los ojos, todo se nublaba y disolvía, no podía aguantar, yo cerraba los ojos para calmarme por dentro, ni siquiera ahí dentro, ella chupaba demasiado fuerte, demasiado rápido, nada, yo no podía, nada salía. Ella jadeaba, su aliento entre mis piernas. No podía ver para afuera. La cortina que había tapado la luz del cielo. Ola parada. Ella se sentó, me tocó hacia arriba y abajo. Pensé que había visto un dedo de más en la palma de su mano. Fuerte, demasiado fuerte. Me lastimaba. Intenté fijar mis ojos en su boca. No pude más, me paré. Su mano sobre mí, me senté de nuevo a su lado, ella empezó otra vez, con su mano batiendo y apretando, mi mano tendida sobre sus pechos pesados sin pezones estómago sin ombligo. Labios en los que fijaba mi mirada, me recliné nuestras lenguas se tocaron. Algo estaba punto de salir, después nada. Ola parada. Una sombra detrás, la sombra de él, el terror de que me hubiera seguido hasta aquí. Golpeará la puerta, la abrirá, me encontrará semi-desnudo, erguido en frente de la cama. Ella seguía tocándome de arriba a abajo. La campana que se escuchaba afuera, que repicaba por nosotros. Vacío entre sus caricias, nada salía de adentro. Sin que ella pudiera sacar nada de adentro mío. Se levantó, corrió la cortina. Nadie. Bajé de nuevo hacia la calle. Después de eso ya no recuerdo.

(…)

¿De dónde vine? ¿Mi nombre? ¿Hacia dónde me dirigía? Siéntate, si quisiera sentarme por un momento. Relájate, había estado caminando largo tiempo sin sentido antes de entrar, me asustaba volver a intentar. ¿Debería ella atenuar la luz o mejor así? No quitarle la ropa. Yo acostarme y ella sentarse en mi falda para que pueda mirarla. Como yo la había imaginado la noche anterior cuando se había acercado a la ventana. La quise entonces. Voces de la calle o los otros cuartos, risas. Pantalones cuidadosamente en la silla. ¿Por qué habría de necesitarlo, el pañuelo? Me recosté con mis piernas estiradas juntas, brazos pegados a mi cuerpo. Como en un ataúd. Y dejé de respirar por un momento. Pero mejor si seguía respirando, con calma y un poco más despacio. Ella comenzó, levanté mis ojos al techo. Blanco, una sábana blanca dos metros arriba nuestro. Me preguntó si quería lento o más rápido, yo no podía sentir, dije un poco más lento. Se sentía como si un miembro ajeno estuviera atascado a mi cuerpo. Un miembro ajeno saliendo de mi cuerpo. De atrás a adelante, como limpiando el cañón de un arma. De adelante a atrás, ahora más lento apenas. Sus pechos continuaban avanzando. Enderecé mi espalda y me recliné de nuevo, así mejor, lento, luego un poco más rápido. Ella bajó su mirada a su mano, esperando atenta. Podía sentir que me apretaba y luego soltaba y relajaba. Sentía cómo me exprimía la sangre en las venas, más y más fuerte, no entendía cómo. Yo solo quería verla moverse arriba mío. No, todavía no, por un momento, solo el espejo, la pared blanca de nuevo, el duro cuerpo sobre mí. Por un momento no miras a ninguna parte, solo sientes, el cuerpo se desborda, saliva en la boca, el animal razguña dentro y quiere salir, tú quieres salir, el sediento animal empuja dentro para salir de tu mente desbordada. Desbordándose entre sus dedos y creciendo y te mueves hacia sus pechos. Y luego, luego como si no existieras, como si el animal muriera y yo que acabé entero dentro de ella. Si pudiera permanecer así, vacío, vacío y limpio. Luego el mundo aparece calmo, en paz, simple, limpio bajo tus ojos. Luego no importaría qué tan solo pueda estar. Sonrió como si supiera, me iría, volvería, la querría de nuevo, ahora estoy pensando en ella, si tan solo de nuevo. Tomó el pañuelo me limpió. Y lo apretó por encima por un momento, como sobre un grano que reventó.
(…)

                                          
III


Él habló                                  Te perseguiré te superaré
Saciaré mi alma       de la carne       derritieron a todos.
Montado en olas sangrientas
las cubrió

suspiro.

Antes de          que se haga la noche        cantemos a
en la entrega

dan frutos            como escarcha en el suelo
ladridos de sabuesos al acecho

Madera, y la habían arrojado al agua
y fue dulcificada
pero la dejaron hasta la mañana. Y
engendró gusanos y apestó               en el fondo

vasijas llenas y ellos no podían beber

y se disolvieron todas salvo una. Y los huesos bajo el sol
como yeso

y él partió del desierto

pasajes                        y acamparon ahí.
Danos                          brazos extendidos hacia el agua

danos dioses que vayan delante de nosotros

naufragio                      bajo el monte.

(…)




IV


Duermes de noche. De noche te despiertas. Ni siquiera la sombra de un árbol, una señal, algo erguido. Desierto. Arena. Como tú ellos están durmiendo. Noche. Cada vez que te levantas esperas el alba, es de noche, duermes te despiertas es de noche. Eso continúa muchos días mientras que estás viajando. Como si estuvieras persiguiendo una luz que retrocede con la velocidad que tú avanzas. Durante días es así. Luego amanece un poco, un poco. Una línea en el horizonte, luz, cielo o arena o cenizas, más luz, no sabes de dónde, sigue por un par de horas, luego noche otra vez. Y luego todo otra vez, ya no puedes llevar la cuenta cuánto dura el día o la noche o la luz. Al principio, cada día casi igual luego más y más cortos, al final te parece que el sol sale y se pone en cuestión de minutos. Como si el tiempo esfumándose como si nada pereciendo aquí. Día como un tren moviéndose frente al tuyo, espera un poco, luego se escapa hacia adelante. Apenas escuchas el silbido delante como viento que viaja a través del tubo. Y mientras duermes tampoco sabes lo que pasa, lo que podría haberse cambiado mientras dormías. Si las cosas son diferentes cuando acabas de despertar, antes podría haber sido diferente y tú no haberlo recordado. O si es lo mismo, el paisaje, de cualquier manera apenas lo ves. O, podría ser que no recuerdas esto, otra cosa que recuerdas, duermes, despiertas tantas veces, tan seguido, no sabes cuándo estás dormido y cuándo estás despierto, por qué estar despierto, ahora podrías estar dormido, lo que recuerdas lo puedes recordar en el sueño, despertar en un sueño, recordar dentro de un sueño, memoria distinta otras cosas que recuerdas cuando estás en un sueño, y puedes tener una vida propia en el sueño, recuerdas quién eres qué hiciste, y aunque puedas no ser la persona que fuiste cuando volviste a despertar no dudas quién eres en el sueño, incluso cuando estás cambiando y cambiando continuamente, no te cuestionas, las cosas son así por naturaleza, no es extraño, estás cambiando continuamente, tu cuerpo, a tu alrededor, todo en todas partes, eres otra persona, pero eres el mismo, eres él. Esto es continuidad, viajas, quizás en tu mente, un verdadero mundo de papel, Dios se precipita por paisajes y edificios, derriba, abre nuevos caminos, no le gusta, cambia otra vez, pero no hay división, Su mundo es uno, y no percibes ni división ni contradicción, solo continuidad. Una inyección que olvidaste enseguida, una piel cubriendo lentamente lo que recordabas, cambian, todas las cosas, la memoria cambia, tú mismo cambias, alguna mujer que buscas, no sabes si estabas buscando otra, si tenías alguna otra esperanza, alguna otra meta. Quizás mañana algo más pueda borrar esas cosas también,  el nuevo velo del mundo, pero jamás lo sabrás, no serás capaz de saberlo. Qué has hecho, si en verdad es lo que recuerdas. Quién habrá de decírtelo. O siquiera saber tu historia. O si el nombre, el que escondes, si es un nombre al final de una serie de nombres.

De todos modos, si puedo pensarme a mí mismo aquí, debe haber algo más afuera, un lugar distinto. Ahora bien, si este afuera es parte de mi mente, entonces mi mente no está hecha de una sola pieza, no es una, está el aquí y el allá, fuera y dentro, es decir, de cierta manera, hay algo en ella que está por fuera de mí. Algo por fuera de mí. En otra parte. Aunque no sepa dónde resulte ser esto, dónde estoy yo, dónde resulto estar en el mapa, qué lugar es aquí, qué lugar es otro. El pensamiento por sí mismo te lo dice. Incluso si todo es de otra manera y no recuerdo correctamente, incluso si todo lo que me rodea es falso. Estoy aquí, no estoy aquí: dos mundos ajenos entre sí. Y luego, el espacio, la distancia, el camino, aunque no sea yo quien viaje. El camino existe.

(…)



  
V


No escribe correctamente, casi agotado.
Línea que comienza y se esfuma.
Un color, ni tierra, ni horizonte, ni cielo.
Mirando adentro de una botella vacía.
Una línea recta, sin giro alguno, constante.
Quieta en los círculos de las ruedas en las que vas tú.
La noche llegará.
Arbustos, muy esparcidos.
Como nieve o sal, no tan blancos, más como arena.
Detente, huye.
Nadie más ni delante ni detrás.
Tren detenido en un agujero en el mapa.
Lo que recuerdas ya no es, ahora olvídalo. Lo que escribiste.
U otras marcas, o sus propias partes que has estado leyendo.
Ni las Escrituras se destacan, muy dispersas, como los arbustos.
Llama, para ver si alguien te escucha.
Y si me encontraran qué harían de mí.
No me importará, no tengo miedo como antes.
El motor apagado también, nada se escucha.
Tengo hambre y el frío me está afectando.
Periódico adentro por todo calor que pueda mantener.
Presiono y juego con mi dedo en mi estómago y cruje.
Estaba escribiendo cuándo duermo y cuándo me despierto para ayudarme a distinguir los días.
Aquí nadie duerme ni despierta, ni la luz entra por ningún lado.
No puedes saber cúanto dura todo eso.
Sigues escribiendo porque aún tienes esperanzas,
casi.
Algo que siga viviendo.
Aparte de ti.
Lugar.
Lugar donde se vacía el mundo.
Una apertura o lugar o casa de Dios en la tierra,
una apertura o Portal sin lado interior
sin entrada.
Mientras siga estando delante de ti no hables y
no pienses.
Es el fin de la línea pero no estás listo, te
irás y volverás otra vez.
Da la vuelta y toma el tren.
Y calla y escribe solo lo que veas y lo que oigas.
De aquí en más solo lo que veas y lo que oigas.
Sobre ti nada más, haz silencio sobre ti.
El dolor se irá por fin, lograrás salir.
Cáete y alaba pero no pienses nada.
Cae de rodillas y vacíate.
Y espera solo a oír.
Empezó, el motor otra vez.

(…)